Los italianos perpetraron un juego con mucho oficio, demasiado para el espectador al que le gusta ver algo de espectáculo. También fueron muy toscos, porque las únicas armas que tuvieron fueron el esperar un error de España y defender, con casi todo el equipo, las embestidas de los rojos. Fueron tantas las faltas, que incluso las realizaron en ataque.
Los de Aragonés realizaron una buena primera mitad. El centro del campo fue totalmente suyo, en el que tuvieron un cerebro letal con Xavi, quien parecía disfrutar con el reparto de balón que hacía, puesto que poco se parecía a aquel Xavi del Barcelona. Estuvo, igualmente, muy bien asistido por Senna. El control de la medular fue suyo y los italianos no tuvieron claro qué hacer cuando tenían el balón a sus pies.
El ataque en la primera parte estuvo muy poco acertado. Tuvieron bastantes ocasiones, pero la muralla italiana fue infranqueable, aunque el incansable Torres intentaba internarse una y otra vez, pero sin fortuna. Quisieron probar fortuna desde todas partes, tanto es así que incluso Xavi lo probó desde fuera del área.
Las bandas españolas estuvieron un tanto desaparecidas, porque los laterales rivales cumplieron a la perfección su tarea, esto es, mantener su zona para que no pudiesen colar los delanteros. Uno de los que sufrió en sus carnes este pensamiento táctico fue Sergio Ramos, quien acabó la primera media hora de los nervios, puesto que pocas veces dejó atrás a Grosso. La selección como vio que por ahí no podía entrar cambiaron de banda y la responsabilidad se la cargaron a Silva.
Llegaron al descanso con el empate inicial, pero con muy buenas sensaciones. El único apunte que se le podía reprochar a los 22 hombres es que, por parte de España, tocaban demasiado el balón, lo mareaban mucho; por parte de los italianos, el conservadorismo de una selección de esa entidad fue reprochable, puesto que actuaron como mero muro de contención y el "atacar" se les olvidó en el vestuario, por lo que Casillas sólo tuvo, en una ocasión, a los delanteros delante de sus morros.
En la reanudación, la entrada de Gattuso fue el mejor remedio, ya que el primer cuarto de hora fue de los azules. A partir de ese instante España quiso imponer su juego, pero estuvieron muy lejos de los de la primera mitad y ahora el toque se redujo para ser prácticos. El partido se igualó bastante en la segunda mitad, aunque los italianos no abandonaron el jarabe de palo.
Los italianos llegaron más y mejor al área de Casillas, pero les faltó sacarle punta a las acciones de peligro. Esta ineficacia tanto en ataque como en defensa la supo aprovechar España, que tuvo en Villa, que entró antes de empezar la segunda, al jugador decisivo que, con un impresionante disparo casi imparable, puso el definitivo 1-0 en el marcador. Si los visitantes hubieran desempeñados el juego de la segunda en la primera, muy probablemente, el signo del partido hubiese sido destinto, pero aquí lo que vale es definitivo


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